Iberbibliotecas
  Programa Iberoamericano de Bibliotecas Públicas, IBERBIBLIOTECAS | No. 2 - 2014  
     
 

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  Las bibliotecas son inútiles.  
  Cultura, comunidad, información y memoria en una sociedad en transformación.  
  Gonzalo Oyarzún  
     
  El arte es inútil, pero el hombre es incapaz de
prescindir de lo inútil.
 
  Eugène Lonesco  
     
   
 

Hace apenas veinte años, la mayor parte de los debates que tuvieron lugar en el ámbito de las bibliotecas y de la información estaba fuertemente dominada por las oportunidades y amenazas que representaban las nuevas tecnologías. En ese momento, la fotocopia era aún una grave preocupación y surgía, además, una nueva amenaza: el CD-ROM. Pero el cambio más dramático parecían constituirlo los repositorios remotos de información, que incluían texto, datos, imágenes, sonido e incluso películas completas en formato vídeo. Hoy, todo esto suena bastante anticuado y no parece estar en el centro de la discusión; por el contrario, las bibliotecas en todo el mundo navegan sin problemas desde la oralidad al papel, desde la pantalla a un mundo conectado.

Sin embargo, a pesar de que las bibliotecas adoptan tecnologías, se conectan y hablan en un lenguaje contemporáneo, muchas de ellas tuvieron que cerrar cuando hace algunos años llegó la crisis que afectó tanto países ricos como pobres. Peor aún, dada esa situación y frente al avance imparable de las tecnologías de la información, muchas autoridades se preguntaron si debían mantener los costosos servicios de una biblioteca. Fue así como decenas y decenas de bibliotecas en Estados Unidos, Inglaterra, Bélgica, Holanda y Nueva Zelandia, solo por nombrar algunos países, cerraron sus puertas por largas temporadas y, en muchos casos, de manera definitiva.

Lo anterior lleva, naturalmente, a preguntarnos ¿cuál debe ser el rol de la biblioteca pública hoy? Si creemos que debe ser solo un lugar para salvaguardar el conocimiento, un lugar donde es posible encontrarse con lo más selecto de la cultura, entonces siempre estará amenazada, porque una institución de esa índole será vista como un lujo, un artículo suntuario, del cual, en períodos difíciles, podemos prescindir. Pero si esta es concebida como generadora de conocimiento, espacio de creación y participación y centro de oportunidades para una sociedad cada vez más demandante, la biblioteca podrá siempre adaptarse al cambio.

Hoy más que nunca se requiere de una biblioteca que sea un espacio para la comunidad, centrado en las necesidades de ésta, antes que en los materiales de los que dispone. Un lugar del que todos se sientan parte, donde puedan leer y, al mismo tiempo, construir. Un lugar para salvaguardar la cultura, pero también para mejorar la calidad de vida. En estos días, cuando es tan difícil encontrar espacios públicos gratuitos abiertos al diálogo, en donde se confronten ideas diversas, la biblioteca aparece como el espacio más adecuado para ello. Un lugar donde se pueda desarrollar libremente la investigación y generar nuevo conocimiento y, a la vez, uno donde la comunidad pueda reunirse para encontrar respuestas a sus problemas cotidianos.
 
La biblioteca debe ser parte, provocadora y alentadora, de la toma de decisiones políticas. La lectura en la biblioteca no puede ser solo vista como una actividad placentera, una oportunidad de viajar y conocer nuevos mundos, tal como se suele decir. Esa lectura debe ser también una opción radical para cambiar la calidad de vida política, social, cultural y económica de un país. La biblioteca no es sólo un almacén, sino un espacio de generación de conocimiento, de información, historia y memoria. A partir de esa memoria, de esa historia y de esa información, la biblioteca debe incentivar el debate y construir diálogo para contribuir así a imaginar una mejor ciudad, a construir un mejor país y a soñar con una Iberoamérica más cercana y amable para todos.